GENTES, COSTUMBRES, FOLCLORE, TRADICIONES, HISTORIAS, PATRIMONIOS, Y PAISAJES DE LAS PROVINCIAS DE ESPAÑA:
(Proyecto): MISCELÁNEA, EPISODIOS, Y DATOS PARA LA HISTORIA DE LA TERCERA GUERRA CARLISTA 1872-1876.
"LA TRAICIÓN DE CABRERA, EN EL PERIÓDICO CARLISTA, EL CUARTEL GENERAL, DIOS, PATRIA, REY Y FUEROS".
Escribe: JUAN EMILIO PRADES BEL. ("Las historias escritas que me acompañan, me ayudan a pensar, a imaginar, a vivir, y a experimentar un mundo de vidas muy diferentes a la mía". J.E.P.B.).
- (EN HOMENAJE A MI TIERRA, A MI PAÍS Y A SU HISTORIA...).
INTRODUCCIÓN: La traición de Ramón Cabrera como jefe carlista fue un evento crucial en la historia de la Tercera Guerra Carlista. Cabrera, conocido como "El Tigre del Maestrazgo", fue un destacado líder carlista que participó en las guerras carlistas anteriores. Su dimisión en marzo de año 1870 fue motivada por su creencia de que no se daban las condiciones razonables para alcanzar el triunfo por las armas, y no querer exponer a España a una nueva guerra civil. Sin embargo, tras la proclamación de la Primera República Española en febrero de 1873, muchos monárquicos isabelinos se pasaron al bando carlista, lo que aumentó la fuerza del levantamiento.
EXPOSICIÓN DOCUMENTAL: LA TRAICIÓN DE CABRERA.
(Documento 1º, fechado en marzo del año 1875):
- AÑO 1875: (Periódico carlista) El Cuartel General Dios Patria Rey y Fueros (Seo de Urgel). 28/3/1875, n.º 57. PARTES TELEGRÁFICOS: Hendaya 19.= La traición de Cabrera, descubierta por el Rey y notificada a todos los cuerpos, ha producido el mejor efecto entre los carlistas.
(Documento 2º, fechado en marzo del año 1875):
- AÑO 1875: (Periódico carlista) El Cuartel General Dios Patria Rey y Fueros (Seo de Urgel). 28/3/1875, n.º 57. SECCION NO OFICIAL. “GLORIA É IGNOMINIA”. Cuando un gran soldado de una causa justa y santa cae en el campo de batalla, cuando muere, como decían nuestros padres, en el lecho del honor, sus compañeros de armas le lloran, le sepultan con los honores guerreros debidos a su valor y su fidelidad, y guardan en los nuevos combates su memoria sagrada y querida, cediéndole parte, en las victorias preparadas con sus esfuerzos y con su sangre.
- Tal, pareció, dos veces, deber ser la suerte del
general Cabrera Conde de Morella. Dos veces durante la guerra de los siete
años, este ferviente e ilustre campeón de Carlos V fue gravemente herido en defensa de la Monarquía legítima, y se le
creyó perdido.
- Dios le reservaba para otros destinos, bien
contrarios, pero por cierto bien tristes. Hoy ha muerto ya para los carlistas,
y ha borrado vergonzosamente su pasada gloria con un rasgo de su propia mano.
- No sobrevive sino para negarse a sí mismo.
- Con el más amargo pesar hemos leído los largos, penosos
y difusos documentos en que la conciencia turbada del traidor, se esforzaba en
pedir al sofisma la escusa y explicación de la traición; es humillante para la
dignidad humana; se siente un dolor, pero un dolor noble, al enterrar un héroe;
pero mucho más duro es degradarle.
- ¡ Ya se consumó! … Desde que la bandera de Carlos
VII se desplegó al otro lado de los montes con aquel ardor caballeresco que
redoblan tres años de sacrificios, aquellos valientes soldados, aquellos fieles
oficiales que ofrecen cada día sus fatigas y su vida a Dios, a la Patria y al Rey,
se preguntaban, si el veterano de las antiguas luchas, el héroe tan temido de
los Cristinos, no vendría a buscar en medio de ellos, para rejuvenecer su
vejez, las impresiones primeras y generosas de su juventud valiente y leal.
- Todos hablaban de Cabrera; quien se asombraba,
quien se inquietaba. ¿Habría quizás cambiado? ¿Por qué
quedarse mudo en sus ricos dominios de Inglaterra, mientras que tantos otros
pobres, inmolaban, sin titubear, a la causa santa sus personas y sus escasos
bienes?
- No, no vendrá ya más. Teníais razón en no
esperarle; no es ya para vosotros. Sin él hubierais combatido, sin él
venceréis, y como habrá rehusado el trabajo, no estará en el honor.
- «Doy este paso» dice en su triste proclama al partido
carlista; es un paso terrible, es un foso profundo, lleno de sangre, y para
saltarle, es necesario a Cabrera pisar los cadáveres ultrajados de su anciana
madre y de tantas otras víctimas inmoladas por los “Cristinos”. Es menester
pisotear la fe del juramento, la fidelidad de las antiguas convicciones, el recuerdo
de las amistades adquiridas en los trabajos de la guerra, y las persecuciones del
destierro, y hasta la memoria indeleble de las batallas ganadas y de los
reveses heroicos.
- Según el Convenio que acaba de firmar Ramon Cabrera,
debería presidir la fusión de los dos ejércitos; que vaya pues a Madrid a
buscar el E. M. que se le promete; que se presente allí sin zozobra, y que no
le detengan las sombras sangrientas e indignadas que le saldrán al paso, y que,
sin intimidarse por los asaltos de su conciencia, que vaya y entre en
ferro-carril.
- Ya se acercó otra vez a las puertas de Madrid, y
le faltó muy poco para que no entrara en triunfo, llevando la sola paz que es
duradera, la que se disfruta en el goce tranquilo del derecho. Entonces, mandaba
un ejército Real, y de repente, fue detenido en su marcha y en sus proyectos,
por la innoble traición de un convenio.
- ¡Ay! ¡Con qué amargos oprobios y sangrientas injurias
no debió maldecir entonces a Maroto! No se sometió, y prosiguió la lucha hasta
su término, hasta haber agotado sus últimas fuerzas.
- Pues bien qué olvidado algunos años, oiga en su
corazón los ultrajes é imprecaciones que haya podido arrojar entonces sobre el infame
Maroto, y comprenderá por su propia experiencia en los días de honor y
fidelidad, la terrible sentencia con que se halla juzgada hoy su conducta, por
sus antiguos compañeros de armas, por sus hermanos carlistas vendidos.
- Era anciano y rico, su gloria y sus heridas
podían servir de excusa a su descanso. Su mal humor y su intratable orgullo
hubieran debido callarse aún, y no hubiera manchado su tumba. Aunque no haya
obligación alguna en compadecer a los traidores, es digno de lástima; en vano
habrá levantado su voz; no habrá apartado a nadie del deber sagrado, y no se
habrá perdido más que así mismo.
- No sabemos aún qué recepción se hará al tránsfuga
en el campo alfonsino, pero recordamos un hecho histórico. Carlos V suplicó a
un grande de España, hospedar en su palacio de Madrid, a un poderoso e ilustre
general, príncipe, y condestable de Francia que había sido traidor; el grande
se inclinó ante la voluntad real, pero pidió permiso para quemar después su
casa para purificarla de la estancia de un tal huésped. ¡Memorable ejemplo de lealtad
caballeresca! ¿Se verá ya semejante ejemplo en este siglo?
- Pero, no importa; aun después de haber recordado
las nobles palabras de otro tiempo, no debemos abochornarnos del tiempo actual.
- Apartemos la vista del que fue general Cabrera, Conde
de Morella, y que ya no es nada más para nosotros y contemplemos este
admirable, cristiano, ardiente, e infatigable ejército que teniendo a su frente
los Elío, Dorregaray, Mendiri, Mogrovejo, Tristany, Valdespina, Egaña y tantos
otros héroes, rodean la bandera del Rey Caballero, de Carlos VII.
- Una mano impía, no podrá rasgar ni borrar la
enseña santa de la España Católica: Dios, Patria y Rey.
(Documento 3º, fechado en marzo del año 1875):
- AÑO 1875: (Periódico carlista) El Cuartel General Dios Patria Rey y Fueros (Seo de Urgel). 28/3/1875, n.º 57. CABRERA PINTADO POR “EL CUARTEL REAL”.= “Una naturaleza agreste, nacida para la guerra, residuo quizá de la antigua raza celtíbera; una especie de Viriato, movido de grandes pasiones, capaz de bañarse en sangre y de beber al propio tiempo con insaciable sed la copa de todos los placeres sensuales; un almogávar salvaje e independiente como las águilas de las montañas, pero, como las águilas, sin la facultad reflexiva de su propio mérito: tal fue aquel célebre guerrillero de Tortosa, que abandonó la sotana del estudiante para convertirse pronto en el más audaz, mas afortunado, más heroico y más díscolo de todos los generales carlistas.
- ¡Ay qué poco vale la grandeza de los hombres!
¡Qué cosa más vana es la celebridad que no se funda en la virtud!
- Cread reputaciones, levantad ídolos, erigid altares...
y un día el ídolo, reputado y santificado, se burla de vuestra adoración,
desciende del altar y tiene el inexplicable placer de degradarse a sí mismo”.
ADDENDA, ADICIONES Y COMPLEMENTOS SOBRE LAS TEMÁTICAS Y MOTIVOS REFERIDOS EN EL ARTÍCULO. (POR JUAN EMILIO PRADES):
BIBLIOGRAFIA, WEBGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:
ARCHIVO FOTO-IMAGEN:
Imágenes cedidas por J. E. Prades Bel.
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